17 de febrero de 2014

Gustavo Adolfo Bécquer vida y obra


Gustavo Adolfo Bécquer
El 17 de febrero de 1836 veía sus primeras luces uno de los sevillanos más ilustres y reconocimos a nivel mundial, Gustavo Adolfo Bécquer, poeta y escritor del romanticismo ( movimiento revolucionario en todos los ámbitos vitales que, en las artes, rompe con los esquemas establecidos en el neoclasisismo, defendiendo la fantasía, la imaginación y las fuerzas irracionales del espíritu ), murió en Madrid el 22 de diciembre de 1870.

Curioso saber que alcanzó gran fama con posterioridad a su muerte, pues en vida gozo de cierto prestigio pero ni mucho menos se consideró como un poeta que con el paso de los años, e incluso siglos, perduraría en el recuerdo.

También resulta curioso saber que el apellido Bécquer no pertenecía a sus madre, provenía de los antepasados paternos, pero los dos hermanos Bécquer, Gustavo y Valeriano, insigne pintor costumbrista, adoptaron ese apellido para la firma de sus obras.

En 1854 se trasladó a Madrid, con la intención de hacer carrera literaria. Sin embargo, el éxito no le sonrió; su ambicioso proyecto de escribir una Historia de los templos de España fue un fracaso, y sólo consiguió publicar un tomo, años más tarde. Para poder vivir hubo de dedicarse al periodismo y hacer adaptaciones de obras de teatro extranjero, principalmente del francés, en colaboración con su amigo Luis García Luna, adoptando ambos el seudónimo de «Adolfo García».

En 1861 contrajo matrimonio con Casta Esteban, hija de un médico, con la que tuvo tres hijos. El matrimonio nunca fue feliz, y el poeta se refugió en su trabajo o en la compañía de su hermano Valeriano en las escapadas de éste a Toledo para pintar.

Monumento a Bécquer (Sevilla)
La etapa más fructífera de su carrera fue de 1861 a 1865, años en los que compuso la mayor parte de sus Leyendas. En 1866 obtuvo el empleo de censor oficial de novelas, lo cual le permitió dejar sus crónicas periodísticas y concentrarse en sus Leyendas y sus Rimas; con la revolución de 1868, el poeta perdió su trabajo, y su esposa lo abandonó.

Se trasladó entonces a Toledo con su hermano Valeriano, y allí acabó de reconstruir el manuscrito de las Rimas, cuyo primer original había desaparecido cuando su casa fue saqueada durante la revolución septembrina.

Cuando murió su hermano, en 1870, Gustavo vió cerca su hora, entregó a un amigo todos sus originales para que los custodiase y falleció 3 meses después que Valeriano.

Entre sus obras detacan por encima de todas "Rimas y Leyendas",  iniciaron la corriente romántica de poesía intimista inspirada en Heine y opuesta a la retórica y la ampulosidad de los poetas románticos anteriores, son 86 composiciones que se distribuyen en 4 grupos

- Rimas I a XI son reflexión sobre la poesía y la creación literaria
- Rimas XII a XXIX trata del amor y de sus efectos en el alma del poeta
- Rimas XXX a LI pasa a la decepción y el desengaño que el amor causa en el alma del poeta
- Rimas LII a LXXXVI el poeta enfrentado a la muerte, decepcionado del amor y del mundo.

Respecto a sus Leyendas, son composiciones de ambientes fantásticos y envueltos en una atmósfera sobrenatural y misteriosa. Maese Pérez el Organista, Los ojos verdes, La corza blanca, son algunas de ellas.

Resulta curioso contemplar la admiración que entre la adolescencia tiene la poesía de Bécquer, años convulsos, desengaños, inciación al amor, factores que Gustavo refleja en su obra y que hace que años después de su muerte permanezca vivo en cada nueva generación que decide, con buen criterio, leer sus obras.



Monumento a Bécquer (Sevilla)

RIMA I 

Yo sé un himno gigante y extraño
que anuncia en la noche del alma una aurora,
y estas páginas son de este himno
cadencias que el aire dilata en las sombras.

Yo quisiera escribirlo, del hombre
domando el rebelde, mezquino idioma,
con palabras que fuesen a un tiempo
suspiros y risas, colores y notas.

Pero en vano es luchar; que no hay cifra
capaz de encerrarlo, y apenas, ¡oh hermosa!
Si, teniendo en mis manos las tuyas,
pudiera, al oído, cantártelo a solas.


RIMA IV

No digáis que agotado su tesoro,
de asuntos falta, enmudeció la lira:
Podrá no haber poetas; pero siempre
habrá poesía.

Mientras las ondas de la luz al beso
palpiten encendidas;
mientras el sol las desgarradas nubes
de fuego y oro vista;

mientras el aire en su regazo lleve
perfumes y armonías;
mientras haya en el mundo primavera,
¡habrá poesía!

Mientras la ciencia a descubrir no alcance
las fuentes de la vida,
Y en el mar o en el cielo haya un abismo
que al cálculo resista;

mientras la humanidad siempre avanzando,
no sepa a do camina;
mientras haya un misterio para el hombre,
¡habrá poesía!

Mientras sintamos que se alegra el alma
sin que los labios rían;
mientras se llore sin que el llanto acuda
a nublar la pupila;

mientras el corazón y la cabeza
batallando prosigan;
mientras haya esperanzas y recuerdos,
¡Habrá poesía!

Mientras haya unos ojos que reflejen
los ojos que los miran;
mientras responda el labio suspirando
al labio que suspira;

mientras sentirse puedan en un beso
dos almas confundidas;
mientras exista una mujer hermosa,
¡Habrá poesía!




Busto de Gustavo Adolfo bécquer (Sevilla)

RIMA XIII

Tu pupila es azul, y cuando ríes,
su claridad suave me recuerda
el trémulo fulgor de la mañana
que en el mar se refleja.

Tu pupila es azul, y cuando lloras,
las transparentes lágrimas en ella
se me figuran gotas de rocío
sobre una violeta.

Tu pupila es azul, y si en su fondo
como un punto de luz radia una idea
me parece, en el cielo de la tarde,
¡una perdida estrella!



RIMA XVII 

Hoy la tierra y los cielos me sonríen;
hoy llega al fondo de mi alma el sol;
hoy la he visto.., la he visto y me ha mirado...
¡Hoy creo en Dios!




RIMA XXIII

Por una mirada, un mundo,
por una sonrisa, un cielo,
por un beso... ¡yo no sé
que te diera por un beso!


No hay comentarios:

Publicar un comentario