6 de julio de 2015

La piedra llorosa - Leyenda de Sevilla



A mediados del siglo XIX, en el periodo que transcurre entre la II Guerra Carlista (1846-1849) y la III Guerra Carlista (1872-1876), durante el reinado de Isabel II y siendo presidente del gobierno el General Narváez ( aquel que fue no una, sino siete veces Presidente del Gobierno ) eran habituales las escaramuzas de civiles y militares dado el clima bélico larvado que se vivía.

( Durante el reinado de Fernando VII el heredero al trono era su hermano Carlos María Isidro, pues el rey no tenía descendencia. En su tercer matrimonio con María Cristina de Borbón-Dos Sicilias la reina quedó encinta y Fernando decidió, ante la posibilidad de tener una hija, publicar una pragmática que abolía el reglamento de 1713 que excluía a las mujeres de la sucesión. Fallecido el Rey se nombró reina a su hija Isabel, siendo regente María Cristina. Carlos María no reconoció este acto y reclamó el trono para si. Se establecieron dos bandos, los partidarios de Carlos, de tinte absolutistas y los defensores de Isabel II de corte liberal ).

En Sevilla un grupo de jóvenes militares, mal llamados liberales, pues los liberales y moderados apoyaban a Isabel II, se levantaron en armas y se echaron al camino. Después de varios desmanes parte de ellos fueron capturados a la altura de Benaoján, habiendo fallecido varios en el enfrentamiento con los regimientos que los detuvieron. Los supervivientes fueron traídos a Sevilla y encerrados en el cuartel de San Laureano en espera de juicio.

Desde Madrid fue enviado un comisionado con plenos poderes para actuar en este caso, habida cuenta que habían sido destituidos tanto el gobernador ( autoridad civil ) como el capitán general ( autoridad militar). Este comisionado, con fama de duro, y plenos poderes civiles y militares era D. Manuel Lassala y Solera que decidió que los capturados deberían ser fusilados en el menor plazo posible.

Era alcalde de Sevilla D. García de Vinuesa ( el mismo que mandó derruir las murallas de Sevilla y las puertas que daban acceso a la ciudad ) que, en vano, solicitó la conmutación de la pena de estos 82 hombres, muchos menores de edad engañados en la asonada y algunos miembros de ilustres familias sevillanas.

Sirvieron de poco las súplicas del alcalde pues el 11 de Julio de 1857 los condenados fueron trasladados a la actual plaza de armas, llamada entonces Campo de Marte donde fueron fusilados. Gran parte de los sevillanos se desplazaron al lugar para contemplar las ejecuciones mientras sacerdotes ayudaban a los más jóvenes a soportar la tensión de su próximo ajusticiamiento.

El alcalde, viendo que no era posible evitar la masacre y que sus ruegos caían en saco roto se dirigió hacia la zona de la Puerta Real y allí, en una piedra que se encontraba en una esquina se sentó y lloró amargamente durante horas por aquellos sevillanos muertos en la flor de la vida.

La piedra donde se sentó Garcia de Vinuesa aún se conserva al final de la calle Alfonso XII y recibe el nombre de "la piedra llorosa", quedando una lápida que recuerda los hechos y que reza como sigue:



“Según la tradición popular, sobre este sillar, llamado desde entonces La Piedra Llorosa, se sentó a llorar amargamente el 11 de Julio de 1857, el entonces alcalde de la ciudad, al contemplar, tras tratar de impedirlo sin éxito, el fusilamiento de 82 jóvenes de Sevilla en la vecina Plaza de Armas de El Campo de Marte. El Ayuntamiento de Sevilla dedica este recuerdo en memoria de la cívica actitud ejemplar de aquel alcalde y como recordación futura contra la pena de muerte. Sevilla, 1857 – 2008.”




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